Carta de Joan Nogué

Director del Observatorio del Paisaje

Han transcurrido más de doce años desde aquel diciembre del año 2004 en el que se aprobó la creación del Consorcio del Observatorio del Paisaje de Cataluña (OPC) y se me pidió que lo dirigiera.

Doce años son pocos años en la vida de una institución que quiere perdurar en el tiempo, pero son muchos años en la vida de una persona, en este caso la mía. Y, a pesar de todo, no estoy cansado, ni aburrido, ni he perdido la ilusión. Sencillamente, ha llegado la hora del relevo en la dirección del OPC. Siempre he pensado que en proyectos tan voluntaristas e innovadores como éste, los cambios de liderazgo son oportunos y convenientes y deben producirse –o provocarse, si ello es necesario- cuando las cosas van bien, cuando la institución ya camina sola, como es el caso. El OPC queda en buenas manos: el pasado 29 de marzo el Consejo Rector de nuestro ente aprobó de manera unánime el nombramiento de Pere sala como nuevo director de la institución, nombramiento que se hará efectivo en las próximas semanas. La mayoría de vosotros conocéis su compromiso, su honestidad, su profesionalidad y su extraordinaria capacidad de trabajo. Con él al frente, el OPC ve asegurada la continuidad y la preservación de los valores que siempre hemos defendido.

El Observatorio ha representado el reto intelectual y profesional que más me ha apasionado y cautivado a lo largo de mi vida. Sin embargo, nunca lo hubiera podido afrontar solo. Este ha sido –es- un proyecto de grupo, de equipo. Sin la ayuda incondicional y la dedicación absoluta de Pere, Laura, Montse, Gemma, Jordi y las ‘dos Annes’, este proyecto no hubiera fructificado. Tampoco lo hubiera hecho sin la plena confianza de los diferentes Consejeros –de diferente color político- que han presidido el Consejo Rector, ni sin la libertad de acción que este mismo Consejo Rector me ha concedido. No he trabajado nunca bajo presión ni consignas de ningún tipo, sino con el convencimiento de que éste era un proyecto colectivo y transversal, y nunca sometido a los intereses de parte.  Hemos puesto un especial empeño en crear un ágora abierta a todos los sectores profesionales, a todas las disciplinas que trabajan en temas de paisaje, a todas las sensibilidades sociales.

Ha sido, también, un proyecto a la vez local y global. La ciudad de Olot nos ha acogido con una enorme generosidad y no tengo más que buenos recuerdos de los alcaldes –también de diferente color político- con quienes he tratado a lo largo de estos años. Hemos trabajado desde Olot y desde Barcelona para el país y para el mundo. Sí, para el mundo. Nunca hubiera imaginado el extraordinario eco internacional que ha tenido nuestra actividad. Hemos viajado mucho, muchísimo. Y hemos enseñado y aprendido, al unísono, como debe ser. Siempre estaré agradecido al Consejo Rector por no solo no haber limitado esta dimensión internacional, sino por haberla potenciado. Para mí era algo clave, estratégico.

Seguiré trabajando en temas de paisaje y para el paisaje con la misma ilusión y pasión de siempre, pero ahora desde otras trincheras. Gracias. Gracias de todo corazón a todos los que me han ayudado a seguir adelante y a no tirar la toalla en momentos de cansancio y decepción, que también los ha habido. ¡He notado el afecto de tanta gente, la complicidad de tantos colectivos, el aprecio de tantas personas! Os llevaré siempre conmigo, esté donde esté.

Con todo el afecto,

Joan Nogué

Fuente Boletín Paisaj-e trimestral del Observatori del Paisatge de Catalunya

“El paisaje, esencial en la planeación urbana” coordinador del Observatorio del Paisaje de Cataluña

Reproducimos íntegramente la entrevista realizada por el director del periódico La Crónica del Quindío, Miguel Ángel Rojas, al Coordinador del Observatorio del Paisaje de Cataluña, Pere Sala i Martí,  publicada el pasado 5 de enero de 2016. El Observatorio del Paisaje de Cataluña colabora con la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje desde sus inicios.

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El paisaje no puede ser una postal, ni solo un sitio bonito, sino un espacio cultural, histórico, biodiverso, donde se reconozca la interacción humana y se establezca como principio en la planeación y el desarrollo de los pueblos. Con este concepto, el coordinador del Observatorio del Paisaje de Cataluña, en España, el licenciado en Ciencias Ambientales Pere Sala i Martí, habló con LA CRÓNICA DEL QUINDÍO, a propósito de una breve visita a este departamento durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

¿Qué es el Observatorio del Paisaje de Cataluña que usted coordina?

Es un organismo asesor del gobierno y la sociedad civil catalana en materia de paisaje. Intentamos conectar ideas y personas, fomentar nuevas alianzas entre actores, desde la proximidad, la experiencia cotidiana, y con la interdisciplinariedad como base.

¿Por qué estudiar y trabajar sobre el paisaje?

Nuestro punto de referencia es el Convenio Europeo del Paisaje, promovido por el Consejo de Europa en el año 2000. En el 2005 el Parlamento de Cataluña aprobó la ley de Protección, Gestión y Ordenamiento del Paisaje. En paralelo, aquel mismo año se creó el Observatorio para ayudar a implementar los principios del Convenio Europeo del Paisaje y aplicar esta ley.

¿Por qué se crea el Convenio Europeo del Paisaje?

El Convenio supuso una revolución en la forma de entender el paisaje y un revulsivo para las políticas de paisaje en el antiguo continente. En primer lugar, porque el paisaje pasa a ser todo el territorio, sin excepción. Se partía de tratar como paisaje solo los lugares más escénicos, o de mayor valor ecológico. Con el Convenio, se consideran los paisajes de calidad, pero también los marginales, que están degradados y que se tienen que mejorar, y ahí está el reto, sobre todo los espacios de la vida cotidiana, los espacios agrícolas, los paisajes urbanos y semiurbanos. Segundo: los organismos se comprometen no solo en la protección de espacios, sino a trabajar en la gestión, la planeación y la intervención, siempre que se haga con un provecho social y colectivo. Tercero: el paisaje es una construcción social, con una enorme carga cultural, lleno de valores tangibles e intangibles, que influye en la calidad de vida de la gente y en su futuro, y por tanto la gente quiere sentirse cada vez más protagonista con lo que está pasando en sus paisajes, y tener el derecho de tomar decisiones sobre su entorno. Por este motivo la participación ciudadana es fundamental para planificar el paisaje. El paisaje ya no es un elemento estético, no es una postal, no es un museo ni un fósil, estático, sino algo vivo, que influye en su calidad de vida y su desarrollo. Fíjese la ambición que tiene este planteamiento y los deberes que esto conlleva a las políticas públicas.

¿Para qué les sirve a las comunidades esta nueva forma de ver el paisaje?

Uno de los grandes retos es cómo integrar el paisaje en la planificación de la región, cuando tenemos que ordenar los nuevos desarrollos urbanos, trazar una nueva carretera, cómo promover los paisajes agrícolas, o diseñar estrategias turísticas donde el paisaje debe ser un activo de primer orden.  El observatorio ayuda a la administración regional y a la local a repensar la planificación desde el paisaje y sus valores, y lo hace siempre aportando nuevas miradas.

¿Cuál es la definición de paisaje?

Paisaje es cualquier parte del territorio, tal y como es percibido por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de los gestores naturales y humanos y de sus interrelaciones. Dicho de otro modo, es todo lo que vemos cuando salimos de casa.

El paisaje no puede seguir siendo una postal. ¿Cómo es esto?

El paisaje por definición es algo vivo, es algo dinámico, donde la interacción humana es fundamental. Aquellos paisajes que se convierten en postales, en el futuro se van banalizando, pierden su sentido y significado, y acaban muriendo. Por ejemplo, si un día el Paisaje Cultural Cafetero (PCC) se quiere mostrar como una postal, dejaría de ser real. El paisaje no es una imagen solamente, sino un elemento activo en la planeación y gestión de este territorio y un elemento central para su desarrollo.

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“Plaza de Filandia, Quindío” foto por Claudia Misteli

¿Es importante tener leyes, normas jurídicas que regulen el paisaje?

Bajo nuestra experiencia, sí. Y mucho. Tener una ley de paisaje es una forma de reconocer el valor del paisaje como objeto de derecho y de disponer de una base legal sobre la cual promover estrategias y acciones para su salvaguarda y mejora. Por ejemplo, en la ley catalana, uno de los aspectos en los que más se ha trabajo son los catálogos del paisaje, y que han marcado un antes y un después en el conocimiento y la gestión del paisaje. En ellos se analizan los valores del paisaje, sus dinámicas, sus oportunidades y amenazas, con la participación de la comunidad y de los principales actores: turismo, construcción, educación, etc., y permiten definir los objetivos de calidad paisajística con la complicidad de los principales actores. Un resultado muy relevante de este trabajo ha sido el mapa de las diferentes unidades de paisaje, es decir, un mapa de la diversidad de paisajes, donde se reconoce el carácter de cada lugar y cuáles son los elementos que los definen, en el que la población se reconoce con ellos.

Entender y reforzar aquello que hace un paisaje diferente de otro es una vía clave para planificar su futuro. Instrumentos como los catálogos permiten hacer de bisagra entre el conocimiento de los valores del paisaje y las políticas de planeación regional y urbanística.

En Colombia no existe una ley del paisaje. ¿Debería de existir?

Tener una ley de paisaje es un muy buen comienzo para hacer políticas de paisaje integrales, efectivas y que tenga un resultado positivo. Y que poco a poco vayan concienciando y comprometiendo a los políticos, a los actores económicos y sociales, y a la población, para hacer las cosas mejor en el futuro. En este sentido, es muy positivo el trabajo que está haciendo la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje (LALI), intentando promover un convenio del paisaje a nivel latinoamericano, y promover en cada país regulaciones y estrategias de paisaje.

¿Cómo debería de ser esa ley del paisaje?

No se trata de hacer leyes castigadoras, punitivas, fiscalizadoras, sino con un espíritu constructivo, positivo, que creen diálogo, que sienten en una misma mesa actores con intereses diferentes, y dotarlas de instrumentos para salvaguardar y mejorar el paisaje. En definitiva, normativas que construyan una mirada diferente al territorio y al paisaje. También es importante tener normativas a escalas: continental, de país, de región y local, porque el paisaje se gestiona desde todos los ámbitos.

¿Cómo se observa desde la visión europea el Paisaje Cultural Cafetero?

El PCC se admira como un paisaje productivo único, de gran valor histórico, cultural, patrimonial y natural, y con grandes oportunidades para el futuro de los quindianos.

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“Paisaje agrícola en Génova, Quindío” foto por Pere Sala

¿Cómo ve el futuro del PCC?

Yo pienso que aún queda mucho trabajo por hacer. Hasta ahora se ha cubierto un primer nivel, es decir, se han reconocido sus valores universales, y a partir de este punto las administraciones deben transmitirlos a la sociedad, para que todo el mundo sea consciente de ello. Un paisaje que no es solo el del monocultivo de café, sino el de la variedad de cultivos y productos de la región, incluyendo las ciudades y los pueblos, su arquitectura y su patrimonio. Hay que tener una mirada conjunta a este paisaje y avanzar hacia su planificación integral. El paisaje del Quindío tiene todos los ingredientes para ser el eje central del desarrollo económico, social y cultural de la región. La gente debe de ser consciente de este patrimonio, no solo para que vengan los turistas y lo disfruten por su atractivo, sino sobre todo como un recurso fundamental para el futuro de la población del Quindío, además de incrementar su autoestima, identidad y calidad de vida.

¿Qué le diría a la gente del Quindío sobre su paisaje?

Que lo aprecie, que lo sienta, que lo viva, que lo redescubra, que lo cuide, que se enorgullezca de el, que sea consciente del valor extraordinario que tiene, y que transmita sus valores, que hacen del Quindío una región productiva singular y diferente a las de otras partes del mundo. Que inviertan cuanto más en la educación y la formación, eso es fundamental.

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“Taberna Paisa” foto por Pere Sala

⇒ PDF ORIGINAL DE LA ENTREVISTA

“Los catálogos del paisaje sitúan Cataluña al nivel de los países más avanzados”

La Iniciativa Latinoamericana del Paisaje LALI tiene un convenio de colaboración con el Observatorio del Paisaje de Cataluña. A continuación, replicamos una entrevista que fue realizada al Coordinador del Observatorio, Pere Sala i Martí.

Pere Sala

Pere Sala ha coordinado la elaboración de los catálogos de paisaje de Cataluña. Su trabajo se focaliza en la integración del paisaje en las políticas públicas , la implementación de políticas de paisaje en Europa , la relación entre paisaje y desarrollo, así como en los paisajes emergentes. También es miembro del Grupo de Trabajo del Consejo de Europa para el diseño e implementación del Sistema de Información del Convenio Europeo del Paisaje, es Secretario General de Civilscape y colabora con la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje LALI . 

El Observatorio del Paisaje ya tiene una década de existencia. ¿Cómo fue posible el nacimiento de un ente de estas características en un país como el nuestro donde no ha habido una tradición tan fuerte en este tema como, por ejemplo, en Francia?

Convergieron varios factores al mismo tiempo. En primer lugar, cinco años antes de su creación, en 2000, el Consejo de Europa había aprobado el Convenio Europeo del Paisaje en Florencia, que supuso un revulsivo para las políticas de paisaje en toda Europa. En segundo lugar, en 2005 el Parlamento de Cataluña estaba tramitando la Ley del Paisaje, que terminó impulsando. Había otros factores que lo hicieron posible, como las intensas dinámicas territoriales y de empobrecimiento paisajístico de ese momento o un palpable incremento de la conciencia paisajística por parte de la población. Pienso que uno de los factores que también influyó fue que el Observatorio fue pensado en positivo. La idea era crear un ente de generación de conocimiento, de apoyo a la administración, para poner en circulación información sobre paisaje, para actuar como auténtico vivero de proyectos innovadores, que impulsara nuevas metodologías y nuevas temáticas de estudio, que conectara ideas y personas y fomentara nuevas alianzas, para sensibilizar; y todo ello trabajando desde la proximidad, la experiencia cotidiana, y con la interdisciplinariedad como base. Rápidamente el Observatorio se consolidó como unos entes de apoyo a la administración y a la sociedad.

¿Un periodo de 10 años da una perspectiva suficiente para valorar el trabajo hecho. Como la resumiría? ¿Y qué destacaría?

En diez años hemos hecho mucho trabajo y muy diverso, de la mano de muchos actores y mucha gente del territorio, y con la complicidad de muchas administraciones. Hemos identificado y caracterizado los paisajes de Cataluña (a través de los catálogos de paisaje), se han definido los objetivos de calidad paisajística, hemos contribuido a desarrollar los principales instrumentos de la Ley del paisaje (los propios catálogos, las cartas del paisaje, las directrices del paisaje, etc.), se ha fortalecido la coordinación entre el paisaje y las políticas de ordenación territorial, se han impulsado estrategias de sensibilización, hemos ayudado a que el paisaje entre en los institutos de secundaria, etc. De todo el trabajo que se ha hecho, coincidirá conmigo en que los catálogos de paisaje han marcado un antes y un después en el conocimiento y la gestión del paisaje. Estos instrumentos han permitido poner los cimientos de un país que empieza a ser normal, moderno, en el ámbito de las políticas de paisaje (poniéndose a la altura de otros países como Francia, Inglaterra, Escocia o Holanda, que hacía años que tenían instrumentos similares).

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¿Cómo describiría los catálogos del paisaje? y ¿Cuál es su utilidad una vez hechos?

Los catálogos de paisaje representan el principal proyecto de generación de conocimiento sobre paisaje del Observatorio del Paisaje desde su creación, y un ejemplo claro de que el conocimiento no se encuentra en manos de unas determinadas personas especialistas, sino que aparece fruto del cruce de saberes plurales y diversos. La Ley del paisaje lo creó como un instrumento técnico para la introducción del paisaje en el planeamiento territorial en Cataluña, así como en las políticas sectoriales, a través de las directrices del paisaje. Y hoy podemos decir que los catálogos están sirviendo para integrar el paisaje en la planificación territorial y urbanística, para diseñar estrategias turísticas (donde el paisaje es un activo de primer orden) o culturales, para montar campañas de sensibilización, o para que el paisaje llegue a la escuela, entre otras aplicaciones. Y, mira por donde, hoy también están sirviendo para más cosas que los objetivos que se había planteado y que la Ley inicialmente contemplaba: un resultado inesperado es que el mapa de las 135 unidades de paisaje de Cataluña, obtenido a partir de los catálogos, es una fuente de inspiración para gestionar determinadas áreas, o para el nacimiento de nuevas estrategias de paisaje, como es el caso de los recientes Consorci Els Aspres, la carta de paisaje del Lluçanès, o el Plan de Paisaje de la Cerdanya.

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¿Cuál ha sido el método de trabajo para realizarlos?

La elaboración de los catálogos de paisaje fue todo un reto, y no contábamos con muchos precedentes en Europa. ¿Cómo podíamos traducir la nueva filosofía que emanaba del Convenio Europeo del paisaje en un instrumento concreto de planificación territorial? La metodología fue el resultado de un complejo cruce de miradas de más de setenta instituciones, grupos de investigación y expertos, con el fin de obtener el máximo consenso en sus contenidos. Desde un principio estuvieron pensados ​​para superar la clásica lógica sectorial y articular formas participativas y transversales de trabajar y de generar el conocimiento. Queríamos así implicar a la sociedad en la identificación y valoración del paisaje, captar la percepción del paisaje por parte de la población (especialmente sus aspectos más intangibles, como el sentido del lugar, o las emociones causadas por un paisaje); y al mismo tiempo recordar a la ciudadanía que tiene derecho a un paisaje de calidad. Para ello, firmamos convenios con varios grupos de investigación de las universidades catalanas, creamos equipos de trabajo interdisciplinarios con especialistas en los ámbitos del análisis, la gestión y la intervención en el paisaje, así como en la planificación territorial y urbanística, y especialistas en participación ciudadana. Uno de los aspectos más destacables que ha aportado el Observatorio es una concepción del paisaje más madura y compleja de la, digamos, convencional.

¿Podría explicar, en primer lugar, en qué consiste esta concepción? ¿Y en segundo término: qué representa para el trabajo que hace el observatorio basarse en esta visión más avanzada?

Es una concepción del paisaje en sentido amplio, resultado de una construcción de la misma sociedad, con una enorme carga cultural, y portador de valores tangibles e intangibles. Desde el Observatorio hemos recogido tal cual la definición de paisaje del Convenio, y esto tiene aplicaciones muy directas: en primer lugar, que las políticas de paisaje se aplicarán en todo el territorio de Cataluña, sin excluir ningún rincón, porque el paisaje es todo lo que vemos cuando salimos de casa. Es innegable la ambición que tiene este planteamiento y los deberes que da a las políticas públicas. Dicho de otro modo, hay que evitar la diferenciación extrema entre unos paisajes excelentes y otros que no lo son tanto, y que suelen coincidir con los que habitamos diariamente -los paisajes de la vida cotidiana-, que son la inmensa mayoría del país. La segunda es la superación de las estrategias estrictamente conservacionistas y apuntar también hacia la gestión, ordenación, intervención y creación de nuevos paisajes, asumiendo la inevitable transformación del paisaje, siempre que se haga con un provecho social y colectivo. Dicho de otro modo, el paisaje es un elemento central del desarrollo, y no un factor defensivo o reactivo. En tercer lugar: el paisaje deja de tener una connotación exclusivamente estética para pasar a ser un elemento activo en la ordenación y la gestión del territorio, así como un motor de desarrollo.

Siempre que se habla de los paisajes de Cataluña se hace hincapié en un hecho como la diversidad, pero ¿podríamos reivindicar la calidad con la misma rotundidad? O en este último aspecto se debería trabajar más?

Efectivamente, Cataluña es un país con una extraordinaria diversidad de paisajes, de las más elevadas del continente europeo. Los 135 paisajes identificados por los catálogos de paisaje constatan este hecho, y, por primera vez, disponemos del mapa de paisajes de Cataluña. Esto tiene una aplicación muy directa, por ejemplo, en las políticas turísticas, donde el paisaje es un activo de primer orden.

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Antes le comentaba como este mapa está convirtiéndose en una fuente de inspiración para varias iniciativas surgidas del territorio. Esto es así porque estas 135 unidades de paisaje no son sólo ámbitos para comprender y describir el carácter de un determinado paisaje, sino que están pasando a ser ámbitos funcionales de gestión, de ordenación y de intervención; ámbitos de referencia (por ejemplo, para aplicar estrategias de paisaje locales, como el Plan de paisaje de Cervera), para dar pautas de ordenación de los espacios abiertos, para diseñar proyectos de paisaje concretos, etc, etc. etc. En paisaje, las unidades son el mejor ámbito que tenemos hoy para pasar de la generalización a la concreción. Ahora bien, esta enorme diversidad no siempre va acompañada de la calidad paisajística que desearíamos. Falta todavía mucha sensibilidad. Entre otras muchas cosas, tenemos que inyectar calidad en aquellos espacios más banalizados, los más olvidados y menos valorados socialmente, para devolverlos un significado, que se impregnen de carácter, que sean capaces de recuperar la memoria y la identidad del sitio , y hacerlo de la mano con la población local. Esta sensibilidad -en el fondo, estética- debe superar el carácter cosmético, ornamental o meramente formal de determinadas intervenciones (a menudo dominante) y promover la recuperación de la propia vitalidad del paisaje, tanto desde un punto de vista físico como ambiental, económico o social.

Hace unos días, conjuntamente con el departamento de Territorio y Sostenibilidad, celebraron una jornada bajo el nombre “Hacia dónde se encaminan las políticas de paisaje”. Uno de los temas que surgieron es que era el momento de pasar a la acción en este campo. Tenemos el conocimiento, sin duda, pero ¿disponemos de los instrumentos (políticos y legislativos) y de los recursos económicos para hacerlo?

La Ley de paisaje de Cataluña se diseñó y arrancó en un contexto de bonanza económica, y también al mismo tiempo de un notable empobrecimiento paisajístico como resultado de actuaciones no siempre afortunadas. Diez años más tarde, el contexto ha cambiado radicalmente. Estamos saliendo con penas y trabajo de una crisis económica durísima, se reivindica un mayor protagonismo de la sociedad y de sus agentes en el gobierno del territorio, y asistimos a una creciente relevancia de las identidades territorial locales, es decir, de la diversidad paisajística del país. Con todo lo comentado, podríamos decir que hasta hoy hemos cubierto el nivel cero, es decir, las base de información y documentación imprescindibles para poder dar un salto adelante y poder ir mucho más allá. Ahora es el momento idóneo para plantearse unas políticas de paisaje más orientadas a la acción, más transversales y sectoriales, que refuercen la concertación y la cooperación público-privada, y que impulsen las necesarias medidas de sensibilización, educación y formación. Ahora que tenemos una visión global de lo que se está haciendo en toda Europa y del mundo en el tema que nos ocupa, se puede afirmar que en Cataluña disponemos de los instrumentos, de la legislación, del capital humano, la creatividad, y la capacidad de iniciativa como para sobresalir, si nos lo proponemos.

¿Qué elementos deberían incluir, o qué deberían tener en cuenta, las políticas del paisaje para los próximos años en Cataluña?

Ha llegado la hora de encarar con fuerza y ​​más que nunca las enormes potencialidades que tiene el territorio y sus paisajes, procurando por la calidad y la excelencia de cada lugar. Por los motivos que explicaba hace un momento, hemos entrado en una nueva etapa con la necesidad de situar el paisaje en las políticas de desarrollo y las de mayor interés social, como la salud y el bienestar, la educación, las energías renovables y la lucha contra el cambio climático, o la transición hacia una economía más sostenible. La hoja de ruta del Observatorio CATPAISATGE2020, con el lema “País, paisaje y futuro”, en esta dirección y enfatiza elementos como la internacionalización, el emprendimiento, la cooperación entre actores, la puesta en valor de nuevos paisajes, así como la importancia de los valores, la innovación, la formación y la educación, o la comunicación. Una vez culminada la etapa ya mencionada de los catálogos, hemos pasado de trabajar en paisaje a trabajar en el paisaje y con el paisaje.

¿Cuáles deberían ser los agentes implicados en estas políticas?

Cuantos más mejor. Por ejemplo, hay que potenciar la implicación de las entidades privadas (empresas, fundaciones, bancos …) para que amplía las oportunidades de negocio vinculadas con el paisaje, tal y como ya ocurre en otros lugares de Europa, como los Países Bajos. Estamos preparando un Seminario internacional sobre esta temática para el próximo otoño, donde veremos ejemplos. Ahora bien, para las políticas de paisaje del futuro no sólo hacen falta nuevos actores o nuevos contenidos, como le apuntaba hace un momento, sino también nuevas formas. Constatamos -y no sólo nosotros- la existencia cada vez más notoria de una nueva manera de acercarse, de entender, de redescubrir, de interactuar con el paisaje. Emergen nuevas formas de organizarse, de alcanzar acuerdos, de actuar, de colaboración, de interacción y participación entre actores (administraciones, entidades, empresas, etc.). Algunas son iniciativas que pueden contribuir muchísimo -y positivamente- al planeamiento local o de mayor escala. Las estrategias de paisaje que se están impulsando en el Priorat entre diversas entidades e instituciones de la comarca son un claro ejemplo. Durante estos 10 años el Observatorio del Paisaje ha adquirido prestigio internacional.

¿Nos podría explicar en qué hechos concretos se ha traducido este prestigio? ¿Qué es lo que más interesa desde fuera de lo que se ha estado haciendo en Cataluña en este ámbito?

Ha tenido mucho eco en todo el mundo la propia estructura del Observatorio del Paisaje, basada en un modelo de cooperación entre administraciones, sociedad civil, entidades y empresas, hasta el punto de ser fuente de inspiración para otros observatorios del paisaje similares que se están creando. También las metodologías que hemos desarrollado y hemos puesto en práctica, sobre todo la de elaboración de los catálogos de paisaje de Cataluña, que vemos como se utilizan en varios países del mundo. En estos momentos el Observatorio asesora varios proyectos del Consejo de Europa, o varios gobiernos en la elaboración de su estrategia nacional de paisaje; o forma parte de consejos asesores, como el de la Fondazione Benetton Studi Ricerche (considerada una de las fundaciones privadas más importantes del mundo dedicadas exclusivamente al paisaje). Una de las apuestas estratégicas que hicimos desde el principio y que ha contribuido a esta dimensión internacional fue tener la web íntegramente en cuatro idiomas (catalán, castellano, inglés y francés).

Fuente:

http://www.ecoticias.com/biocombustibles/105490/catalogos-paisaje-situan-Cataluna-nivel-paises-avanzados

Fuente original:

http://www.sostenible.cat/sostenible/web/noticies/sos_noticies_web.php?cod_idioma=1&seccio=4&num_noticia=439611