El paisaje del futuro: diálogos artísticos con las niñas y niños en torno al PCC

Jugar es estar en el mundo. Jugar es una forma de entender lo que nos rodea y quiénes somos, y una forma de relacionarnos con los demás. El juego es un modo de ser humano – Miquel Sicart

 

Los niños y niñas son el futuro de una sociedad y son ciertamente un público que no se les incluye en la toma de decisiones políticas, sociales, económicas, ambientales, etc, de un país. Las niñas y niños del eje cafetero colombiano tienen mucho que decir y compartir sobre los valores de su entorno, su cultura, su idiosincracia, y sobre todo, el futuro que desean sobre la calidad de su paisaje. En el marco del Primer Simposio Internacional “Pensar y Sentir el Paisaje” realizamos el taller “El paisaje del futuro: diálogos artísticos con las niñas y niños en torno al PCCC”. Con este taller entendimos a través de la mirada y sentimientos de las niñas y niños, los valores tangibles e intangibles de su territorio, paisaje y entorno. Así mismo logramos visualizar cuál es el futuro que imaginan tanto deseable como no deseable de su paisaje.Una de las metodologías de investigación que utilizamos fue, la Investigación a través del Diseño (RtD) y también la investigación de acción participativa (PAR). Creemos que el diseño y el arte tiene un gran poder transformador que permite hacer explícito lo implícito, y que la investigación a través del diseño nos revela y facilita una comprensión mucho más profunda de los comportamientos, necesidades y sueños, en este caso de las niñas y niños hijos de campesinos, hijos del Paisaje Cultural Cafetero Colombiano.

 

SANTA ELENA, FINCA DE SUEÑOS FRONDOSOS

Un día antes de ir a la escuelita “El Carmen” para realizar el taller; visitamos una finca productiva en las montañas lindantes entre el Quindío y Caicedonia en el Valle del Cauca. Dicha finca se llama Santa Elena, y se encuentra en la vereda “El Frontino”. Ir a esta finca, visitar a sus propietarios, empezar conversaciones en torno a la realidad de trabajar en el campo, sus sueños y dificultades, nos prepararían mucho mejor para entender la realidad que viven los niños hijos de campesinos y así mismo profundizar sobre los valores y riesgos que tiene un paisaje cultural, como lo es el paisaje cultural cafetero colombiano.

El propio viaje ya nos daba tantos indicios del lugar al cual llegaríamos. Subiendo en un Jeep Willis, único carro capaz de moverse entre las trochas y carreteras sin asfaltar, de pie en la parte trasera del vehículo, veíamos mientras nos balanceábamos y esquivábamos ramas y plantas, como el paisaje se abría y se iban proyectando unos escenarios hermosísimos de paisajes agrícolas, bosques de niebla, todos ellos contrastados con las hojas color plata de los Yarumos y otros árboles endémicos de la zona.

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Maria Esperanza y Pablo, los propietarios de la Finca Santa Elena, no solo nos abrieron sus corazones, también su casa y un fogón de leña que desprendía el olor de un sudado de gallina criolla. Nos explicaron que producir café para vender en cooperativas no sale muy rentable, pero que ellos no quieren dejar de sembrar café. Sus antepasados ya lo hacían, y no querían dejar de hacerlo por un tema meramente económico. Por tal motivo se han ideado un proyecto con la producción propia de “Café Frontino”, cuyo dinero está destinado en la protección de la reserva natural “Bosque Frontino” que tienen en sus predios. El nombre de “Bosque Frontino” fue dado gracias al oso endémico que se pasea por allí, el oso Frontino u oso de anteojos. Así mismo al margen de esta rentabilidad, entendimos que la protección de la reserva natural es una acción que favorece la biodiversidad, lo cual influye en la calidad del café, de sus otros cultivos, y de quienes viven en la Vereda “El Frontino”. Así como el proyecto de restauración de la casa tradicional cafetera de la finca Santa Elena. Estas acciones en buenas prácticas agrícolas, medioambientales, y de preservación del patrimonio arquitectónico cafetero, se inscriben de lleno en la buena gestión de un lugar reconocido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad: el paisaje cultural cafetero colombiano. El espíritu de Maria Esperanza y Pablo, y todos aquellos que trabajan y colaboran en la Finca Santa Elena, es un ejemplo de la interiorización del espiritu que comporta (o deberia comportar) una inscripción a la UNESCO.

De manera paralela al cultivo del café, también cultivan el aguacate Hass, un producto muy apetecido en el mercado internacional y que deja mucho más margen de rentabilidad. Entendimos que si cultivan el café es por un tema más filantrópico, de nostalgia, arraigo a la tradición familiar, amor por su paisaje, que por cualquier otro motivo. Esto nos hizo pensar en que si la inscripción del Paisaje Cultural Cafetero a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO se basa en la cultura del café, ¿qué pasará si no se protege al campesino y al caficultor, para que siga cultivando el arbusto del cafeto?

Después de un almuerzo natural, con productos propios de la tierra, y hecho con infinito cariño, recorrimos la finca, los cultivos de café y así mismo los cultivos de aguacate Hass. Visitamos la casa de los “agregados”, personas que administran la finca y conocimos a sus hijos. Valentina una niña de 9 años se sintió muy feliz con nuestra visita. Y le pedimos que fuese nuestra guía para recorrer el lugar y así mismo para seleccionar elementos de la naturaleza que nos pudiesen ser útiles en el taller que tendríamos al día siguiente con los niños. Una nube gigante fue cayendo del cielo hasta la montaña, y de repente teníamos encima un aguacero fuertísimo el cual nos hizo desistir de la expedición, y regresar a casa resguardándonos bajo hojas del árbol de Yarumo que hacían de paraguas.

La visita a la finca Santa Elena nos permitió entender la realidad del campesino quindiano, el día a día de quien vive de la producción de la tierra. También nos permitió adrentarnos en un paraje donde se respira, se siente, y los ojos se embriagan de la magia del paisaje cultural cafetero. Estímulos que nos prepararían y acercarían a la realidad que viven los niños de la escuelita que pronto visitaríamos.

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UNA ESCUELITA CON ALAS DE MARIPOSA: LA ESCUELA “EL CARMEN”

Al día siguiente, el director de la escuelita “El Carmen”, el señor Jorge Eliecer nos esperaba junto a otros profesores. Nos explicaron que habían seleccionado 15 niños de su escuela que fuesen hijos de campesinos, de familias que trabajaran directamente con la tierra, niños del campo. Los niños se sentían especiales, “elegidos” y esto hizo que estuviesen durante el taller, en todo momento, supremamente activos, con muchas ganas de expresar sus ideas, incluso antes de ser preguntados.

Alessandra “La Profe” comenzó el taller con una presentación que intentaba persuadir a los niños que el paisaje no es únicamente la naturaleza, o sitios con vistas excepcionales o lugares casi de ensueño. El paisaje lo es todo y lo hacemos entre todos. El paisaje es lo que vemos al asomar nuestra mirada a través de la ventana, nuestros lugares cotidianos, el patio trasero con las gallinas, también lo es un basurero o una playa contaminada; el paisaje es también una ciudad caótica, o un pueblito pequeño. Lo que diferencia un paisaje de otro, es que unos están sanos y otros están en menor medida, unos paisajes nos hacen sentir más felices que otros. El paisaje no es algo estático, no es una postal.

El paisaje es vivo, cambia y se transforma. Lleva emociones, arraigo, historia, familia, tradiciones, valores, literatura, mitos y leyendas, una canción de la abuela, lleva una identidad que nos representa e identifica como seres humanos enmarcados en un territorio, en un lugar.

Al finalizar la presentación, los niños ya tenían mucho más claro que era paisaje. Aunque en un principio tardamos un poco en que lo comprendieran, ya que para ellos el paisaje esta directamente relacionado con algo positivo y con naturaleza, y las ciudades al no tener naturaleza no eran paisaje, ni tampoco la consideraban tan positivas (contaminación, ruido, gris), finalmente se abrieron a mirar más allá y ver que todo es paisaje.

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Podríamos atrevernos a pensar que esto mismo ocurríria con niños más urbanos. Pensar que paisaje se encuentra fuera del casco urbano, en zonas rurales. Los niños perciben la acción humana en el territorio no como “hacedora de paisajes” si no como “destructora de paisajes”. Poner en relieve estas percepciones que tienen los niños sobre lo que entienden como paisaje, puede ser muy útil para reflexionar sobre la educación en paisaje para niños, sobre la utilidad que esto pueda tener incluso para los propios maestros.

Después de la presentación de la “Profe Alessandra” les pedimos que pintaran en una hoja, teniendo como lienzo un costal donde se deposita el café, el paisaje que ellos más amaban. Sus paisajes de vida. Depositamos en la mitad de la sala un pila de hojas, granos de café, elementos de la naturaleza que habíamos seleccionado el día anterior junto a Valentina. Esto elementos vivos de su paisaje, los podían utilizar como parte de sus obras de arte, de sus representaciones de sus paisajes más queridos.

Los dibujos, collages, y conversaciones con las niñas y niños, dieron a conocer su profundo entendimiento del lugar en donde viven y les rodea. Los niños que participaban del taller eran hijos de campesinos y familias directamente relacionadas con la tierra, con el cultivo de paisajes productivos, con territorios que están en constante transformación por el hombre.

Las representaciones que emergían en los dibujos de los niños nos enseñaron su profunda percepccion del contexto físico en el cual viven, pues en todos los dibujos se observaban elementos tales como el agua, caminos, árboles y cultivos. Existe una conciencia muy fuerte de vivir en un paisaje natural el cual es cultivado, es productivo y está en constante transformación por el hombre.

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Una vez terminados los dibujos, cada niña y niño nos explicaron, porqué amaban ese paisaje que habían dibujado. Fue sorprendente escuchar, desde su mirada, su punto de vista, como verbalizaban y hacían explícito esos valores, ese posicionamiento frente a lo que amaban, lo que no querían perder en un futuro, y su arraigo a la tierra.

Entendimos que las niñas y niños de esta escuelita rural, están todos muy arraigados a su paisaje, a su territorio y su familia. El paisaje que aman lo entienden como una extensión de la familia y su futuro lo ven muy ligado y relacionado con el paisaje cultural cafetero.

También se evidenció que hay niñas y niños que sueñan en estudiar profesiones que los alejarían de este arraigo con el trabajo productivo de la tierra, y esto supone ciertamente un reto a tener en cuenta en la continuidad de los valores y tradiciones en torno a la actividad que sostiene la candidatura del PCC.

 

NODO LALI NIÑOS

El taller infantil en la escuela “El Carmen”, ha querido ser un primer paso de una serie de iniciativas concretas de la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje (LALI), dirigidas a la educación sobre paisaje en niñas y niños. Esta actividad también dio nacimiento y legitimidad al nuevo grupo de trabajo de la LALI, el “Nodo LALI Niños” el cual será coordinado por Alessandra Romeo y Diana Wiesner. Dicho nodo nace con la intención de sensibilizar a la sociedad civil, desde las edades más tempranas, y divulgar los valores y puntos críticos implicitos en el paisaje, para así concientizar a nuestras sociedades que el futuro de un paisaje de calidad, un paisaje de vida, está en las manos de todos.

Escrito por Claudia Misteli, Alessandra Romeo y Roser Vernet

 

AGRADECIMIENTOS

Queremos agradecer en primera instancia a la escuela El Carmen en Pueblo Tapao, Quindío, a sus niñas y niños, a todo su profesorado y directivos, entre ellos el rector Jorge Eliecer Largo, por permitirnos soñar y trabajar juntos en el taller infantil “El paisaje del futuro: diálogos artísticos con las niñas y niños en torno al PCC”. Así mismo a Lina Rivas, coordinadora del programa Paisaje Cultural Cafetero y Beatriz Eugenia Herrera del Comité Departamental de Cafeteros del Departamento del Quindío sin cuya coordinación y acompañamiento, este taller no hubiera sido posible. Agradecemos también al Primer Simposio Internacional “Pensar y Sentir en Paisaje”, a Martha Fajardo, Alejandra Cardenas y todos los organismos, entidades públicas y privadas que hicieron posible la realización del mismo, por abrir un espacio en el departamento del Quindío, y en todo el eje cafetero, de reflexión y conocimiento en torno al paisaje de vida de los habitantes del Quindío y la región cafetera colombiana.

→ Descarga la Crónica del taller en PDF

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