ISLA CAUTÍN: Consideraciones sobre la Idea de Parque Tensionada por la Memoria Socio-Ecológica del Sitio

¿Cual es la posible articulación a nivel de proyecto de paisaje entre conceptos provenientes de la ciencia de la ecología –tales como enlaces móviles, organismos claves y áreas de soporte– con el legado tras la memoria histórica de un sitio como Isla Cautín en la ciudad de Temuco? El arquitecto del paisaje Osvaldo Moreno, nos ofrece una visión posible a partir del desarrollo del proyecto de un parque urbano en este sitio.

Por: Osvaldo moreno

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Hace un tiempo tuve acceso a un conjunto de artículos académicos que abordaban un interesante concepto asociado a la noción de memoria ecológica, el cual se refiere a la capacidad de un hábitat para albergar ciertos rastros biológicos que permiten su eventual resiliencia y recuperación ante cambios o perturbaciones que lo han afectado. La activación de esta memoria depende de tres factores: legados biológicos, enlaces móviles y áreas de soporte. Los legados biológicos (biological legacies) son especies o estructuras que persisten dentro de un área perturbada y actúan como fuentes de recuperación de los ecosistemas, tales como grupos de árboles vivos o muertos que proporcionan semillas, rizomas o raíces enterradas y nutrientes (1). Los enlaces móviles (mobile links) son organismos claves (keystone) que se mueven entre los hábitats y los ecosistemas después una perturbación para proporcionar procesos de los ecosistemas esenciales que faltan, como la polinización, dispersión de semillas, o la translocación de nutrientes, conectando áreas que pueden estar separadas espacial o temporalmente (2). Por otra parte, las áreas de soporte (support areas) se refieren a los parches o hábitats que mantienen poblaciones viables de constituirse como enlaces móviles. En conjunto, estas partes interactúan y desempeñan un papel fundamental en la renovación y reorganización de un sistema perturbado (3).

Esta batería conceptual, alejada en su origen de las prácticas arquitectónico-paisajísticas y posicionada en un principio bajo el alero de las ciencias duras, cobra sentido al integrarla en el horizonte de análisis de aquellos paisajes perturbados que aun guardan rastros de naturalidad y biodiversidad en medio de contextos altamente urbanizados. Es el caso de Isla Cautín, un enclave localizado cercano al centro de la ciudad de Temuco, el cual limita hacia el sur con la ribera del río Cautín y hacia el norte con el estero Pichicautín (el ‘Cautín Pequeño’ enMapudungun), que corre paralelo a un importante eje vial conocido hoy como Avenida de los Poetas. Justamente, su denominación de Isla refiere a su condición de ‘tierra firme’ entre dos cursos de agua que históricamente han generado inundaciones en el sector producto de las crecidas estacionales. Su aislamiento fue acentuado también por la ocupación de gran parte del predio por parte del Ejército, como campo de entrenamiento cercado y restringido. Este uso generó en un determinado momento histórico un hecho traumático asociado a la ejecución de personas, en el lugar que hoy se conoce como polígono de tiro: una superficie de aproximadamente cien por veinte metros que permanece hasta hoy como una huella dentro del vacío; una cicatriz en el paisaje caracterizada por la presencia de tierra apisonada y herbáceas estacionales sutilmente distintas a otras que se encuentran en el lugar.

La Isla Cautín entonces es un territorio aislado tanto por su histórica condición hidrológica, como por su sistemático uso restringido, situación que ha permitido conservar en su interior una memoria ecológica sustentada en legados biológicos que remiten a los paisajes originarios que fueron sustituidos en gran medida por la ciudad, la agroindustria y las plantaciones forestales. En particular, destaca la presencia de bosquetes de Boldos (Peumus boldus) conformados por casi dos mil ejemplares, que encuentran en esta latitud uno de sus últimos reductos y que nos remite a la vasta extensión territorial que ha ocupado esta especie nativa, vinculada más frecuentemente a la zona central de Chile. Junto a los Boldos se hallan una serie de herbáceas y plantas propias de esta ecorregión, como reflejo de la resiliencia y adaptabilidad ante constantes cambios. La escala de este parche de hábitat, que en tanto conserva estos ecosistemas puede comprenderse también como un área de apoyo para la potencial restauración de otros reductos, plantea el desafío de promover una adecuada gestión de los recursos y funciones socioecológicas que alberga, para favorecer la prestación de servicios ecosistémicos que la ciudad demanda para mejorar su deteriorada calidad ambiental y favorecer las dinámicas sociales de integración, en un contexto caracterizado por la diversidad de culturas que coexisten y que no tienen actualmente en el espacio urbano un lugar de encuentro.

Es en este contexto ambiental y cultural, en el cual la memoria ecológica del sitio se articula con las dinámicas socioculturales históricas y contemporáneas, donde emerge el  proyecto de paisaje del Parque Urbano Isla Cautín, que contempla el diseño de más de veintisiete hectáreas. La magnitud de la superficie a proyectar, sumado a su localización en el contexto regional de la Araucanía, hacen que este futuro parque adquiera una alta relevancia como proyecto emblemático no sólo para la ciudad de Temuco y la comuna vecina de Padre Las Casas, sino también a nivel nacional, dado que se transformará en uno de los parques urbanos más grandes de Chile.

Osvaldo Moreno Flores es Arquitecto de la Universidad de Chile; Magister en Paisaje, Medioambiente y Ciudad de la Universidad Nacional de La Plata y Doctor (c) en Arquitectura y Urbanismo. Actualmente es Académico de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile y Jefe del Proyecto Parque Urbano Isla Cautín desde el 2015. Así mismo hace parte de la Red de la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje LALI.

Fuente original: LOFscapes

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Notas
(1) J.M. Herrera y D. García, “The Role of Remnant Trees in Seed Dispersal through the Matrix: Being Alone is not Always so Sad,” Biological ConservationVol.142:1 (2009), pp.149-58.
(2) J. Lundberg y F. Moberg, “Mobile Link Organisms and Ecosystem Functioning: Implications for Ecosystem Resilience and Management,” EcosystemsVol.6:1 (2003), pp.87-98.
(3) C.R. Drever, G. Peterson, C. Messier, Y. Bergeron y M.D. Flannigan, “Can Forests Management Based on Natural Disturbances Maintain Ecological Resilience?” Can. Jour. For. Res. 36 (2006), pp.2285-99.

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